La situación de emergencia que ha generado la COVID19 ha comportado desde el inicio de la crisis el cierre de los centros educativos de nuestro país.

El curso se ha visto paralizado y en un par de semanas se ha intentado convertir la enseñanza presencial en virtual. Este giro precipitado, ha sido sin duda una solución de emergencia a un mal mayor, pero, no nos engañemos, un sistema educativo no se puede cambiar en dos semanas y como acostumbra a pasar, los más vulnerables se han quedado descolgados.

Los primeros estudios ya hablaban de hasta un  15% de alumnado sin medios para poder seguir el curso de forma online por carencia de dispositivos informáticos o de conectividad. Aun así, los esfuerzos de las diferentes administraciones han conseguido paliar un poco este agravio.

Pero, que pasa cuando el alumno/a es una persona con discapacidad intelectual?

En España hay 220.208 estudiantes con discapacidad intelectual o con algún tipo de trastorno generalizado del desarrollo. De estos, el 83% están inscritos en escuelas ordinarias.

Ante esta realidad nos encontramos con dos escenarios diferentes: En el mejor de los casos, los alumnos reciben a través de sus familias material adaptado a sus necesidades a través de correo electrónico y, en el peor de los casos, apenas este correo ha llegado con indicaciones de los conocimientos que tienen que repasar con sus hijos.

Todo este alumnado con necesidades educativas específicas necesita para el desarrollo de las tareas escolares una supervisión continuada por parte   de padres o madres. Este acompañamiento requiere un tiempo de dedicación a menudo difícil de encajar en horarios familiares.

En este contexto de emergencia en que la tecnología ha acontecido la mejor aliada de los docentes y del sistema educativo en general, se ha demostrado que el ecosistema educativo no está preparado para ofrecer aprendizaje virtual a todos los alumnos/as por igual. La carencia de accesibilidad en las tecnologías educativas por una parte de la población se ha hecho evidente, tanto la de acceso físico a las tecnologías por limitaciones socioeconómicas como  la de accesibilidad cognitiva a las herramientas educativas tecnológicas.

Los entornos digitales en los que se están apoyando la mayoría de docentes estos días tienen una falta de accesibilidad cognitiva generalizada. Este tipo de accesibilidad implica que los entornos digitales sean fáciles de emplear y de entender para las personas con discapacidad intelectual.

Algunas voces apuntan que la enseñanza virtual ha venido para quedarse y si es así, el reto que hasta ahora teníamos que conseguir una escuela inclusiva real, tiene ahora nuevas dimensiones.

En un contexto  precovid19, para conseguir el éxito de la escuela inclusiva había que contar con la implicación de todos los agentes del sistema educativo, en la situación actual entra en juego un agente nuevo y externo al sistema: el creador de tecnología educativa.

Para asegurar la accesibilidad universal en la educación en momentos como el actual o en posibles escenarios futuros, continente y contenido tienen que ser accesibles.

El contenido está en manos del equipo de profesionales del ámbito educativo, responsables de crear los contenidos educativos que se ajusten a los principios del DUA (Diseño Universal para el Aprendizaje).  Ellos y ellas con sus conocimientos pueden crear materiales a los cuales puedan acceder todos sus estudiantes sin necesidad de hacer ninguna adaptación para alumnos específicos.

El continente es responsabilidad de los creadores de tecnología educativa, somos nosotros los responsables de crear tecnologías que se adapten a los principios del Diseño Universal.

A priori, la tecnología facilita en gran medida la creación y la aplicación de materiales de aprendizaje universales, por su versatilidad, su capacidad de adaptación y la capacidad de generar conexiones del conocimiento de manera fácil e inmediata. A pesar de esto, el hecho que las aplicaciones tecnológicas no cumplan los principios de accesibilidad universal, hace que, lejos de ayudar al acceso universal a la educación, se haga más grande la brecha digital.

Es importante no olvidar que hablamos de niños/as, chicos/as que son nativos digitales, y que del mismo modo que sus compañeros y compañeras, han crecido rodeados de tecnología que se los gusta, los motiva y se los facilita el aprendizaje.

Hace falta que esta tecnología esté a su alcance, haciéndola accesible a todo tipo de diversidad cognitiva.

El sistema educativo es una gran estructura con muchos años de historia y con muchos agentes implicados, esto hace que sea lento el proceso de cambio hacia las nuevas metodologías de aprendizaje inclusivo que ya hace algunos años que se inició en este país. Pero la tecnología educativa es un fenómeno de nueva creación y es fácil hacerlo mejor desde el principio. ¿Cómo puede ser que tanto las pequeñas empresas de emprendedores/as, más innovadoras y a menudo más alineadas con los nuevos aires educativos como las grandes corporaciones internacionales, estén creando herramientas educativas sin tener en cuenta las necesidades de todos los alumnos?

La escuela inclusiva es un gran reto para el sistema educativo de nuestro país. Si hacemos uso de los recursos que tenemos para promover la accesibilidad cognitiva a los entornos digitales educativos, conseguiremos dar un gran paso hacia la escuela inclusiva del futuro.

Gemma Fàbregas

Cofundadora de “Yo también leo”